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El llamado de Dios: Cómo encontrar tu propósito en las misiones

El plan de Dios es global, no solo para unos pocos. Dios ha dispuesto un plan de salvación mundial y no solo estamos incluídos, sino que también somos invitados a participar en su difusión. Esta es una tarea que muchos se rehúsan a comprender. No solo fuimos alcanzados por gracia para ser salvos, sino que también fuimos alcanzados para alcanzar a otros.

Quiero invitarte a conocer 5 conceptos sobre cómo encontrar el propósito de Dios en las misiones.

Dar de gracia lo que he recibido de Gracia.

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Dios nos ha dado su gracia de manera gratuita y abundante, por medio de su Hijo Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y resucitó para darnos vida eterna (Efesios 2:4-5). Esta gracia nos salva, nos transforma y nos capacita para vivir en santidad y servicio a Dios y a nuestro prójimo (Tito 2:11-12). Como hijos de Dios, estamos llamados a compartir esta gracia con otros, especialmente con aquellos que no conocen el evangelio de la salvación (Mateo 28:19-20). 

Jesús nos envió a sanar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos y expulsar demonios, y nos dijo que debemos dar de gracia lo que hemos recibido de gracia, sin esperar nada a cambio, sino por amor a Dios y a las almas perdidas (Mateo 10:8). Así demostramos nuestra gratitud a Dios y nuestra obediencia a su voluntad. Comprender esto es primordial al momento de aceptar el llamado de Dios, puesto que no fuimos llamados a ser servidos, sino a servir (Mateo 20.26-28). Reconocer que su gracia salvadora es global, es importante para comprender el propósito de Dios en el mundo.

No soy bivocacional, sino Univocacional.

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La Biblia nos enseña que nuestra única “vocación” es servir a Dios (Efesios 4:1). Por ende, somos “univocacionales”. Aunque se siguen utilizando los términos “bivocacional” y “biocupacional” para referirse a los
misioneros sin titulo religioso, cualquier palabra que implique una división entre nuestro trabajo cotidiano y nuestro ministerio, no expresa una verdad. La falsa división entre actividades seculares y sagradas, proveniente del pensamiento griego dualista, ha hecho mucho daño a la causa de Cristo.

En la cosmovisión bíblica no existe esa división. Como discípulos, todas nuestras actividades parten primordialmente de nuestro llamado a servir a Cristo; la expresión cotidiana de este llamado es el servicio al prójimo. Todo lo que somos y hacemos está santificado por este llamado al servicio. Los que nos identificamos como “univocacionales” tomamos muy en serio el rol que nos ha asignado Dios como “sacerdocio santo” (1 Pedro 2:9). Como sacerdotes, somos mediadores de la gracia de Dios, respondiendo
a las necesidades personales y espirituales de los que nos rodean, en los lugares donde vivimos y trabajamos. Además de ejercer nuestro rol por medio de nuestro servicio, también lo ejercemos declarando el consejo de Dios e intercediendo en forma personal por cada uno de los que forman parte de nuestro circulo. (Lewis, Jonatan. Trabajando tu llamado a las naciones. – 3a ed. – Córdoba : Movida Ediciones, 2014).

Mis palabras deben estar acompañadas de mis hechos.

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En la Biblia hay muchos ejemplos de versículos usando estas dos palabras: “hechos” y “palabras”. Por ejemplo, en 1 Juan 3:18 dice: “Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad”. También en Colosenses 3:17 dice: “Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él”.

En resumen, estos versículos nos enseñan que nuestras acciones deben ser coherentes con nuestras palabras y que debemos demostrar nuestro amor y gratitud hacia Dios no solo de labios hacia afuera, sino también con nuestros hechos. Por muchos años he escuchado a personas decir y recibir palabras de aliento, tales como: “tienes un propósito en Dios” “tienes un llamado” “Dios tiene un plan para tu vida” etc. ¡Claro! sin duda, Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, pero muchos se rehúsan a caminar hacia ese plan. Algunos prefieren incluir a Dios en sus planes y no ser parte del plan de Dios, ¡ésta es una gran diferencia! que no solamente deberíamos evaluar, sino evitar, reconocer y luego ser coherente con lo que Dios quiere para nuestra vida.

Algunos prefieren incluir a Dios en sus planes y no ser parte del plan de Dios

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Todo lo que quisiera hacer en otro lugar, al menos debería empezar a hacerlo en casa.

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No está mal tener grandes sueños, tampoco planear realizar ciertos proyectos en otros lugares, pero si es aconsejable tener la experiencia y madurez para que sea un “buen plan” y no se convierta en un “plan frustrado”.

Hace un tiempo escuché de alguien que su deseo es “evangelizar en lugares no alcanzados” ¡esto está muy bien! el problema es que se rehúsa a ganar para Cristo a alguien en el lugar donde está ahora. Si bien, Jesús nos mandó a realizar una tarea de evangelización simultanea (hechos 1.8), es nuestra tarea ser responsables al momento de asumir el rol del llamado de Dios en otros lugares; no se debe tomar a la ligera, no es tan solo un cambio de residencia, ni mucho menos es un viaje experimental.

Descubrir el rol dentro de la misión de Dios no es de unos días, algunos, podemos tardar años. Pero Dios permite que este espacio se convierta en un tiempo para madurar y ser tratado. No podríamos decir que nosotros escogimos ser “misioneros”, sino que recibimos un llamado, así como lo menciona Juan, “Dios nos escogió a nosotros”. (Juan 15.16)

No existe eso de “misioneros solitarios”o “misioneros que no rinden cuentas”. Por lo menos, no es lo que la Biblia nos enseña.

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La iglesia de Antioquía en el libro de Hechos fue el gran centro de donde eran enviados los misioneros para los gentiles. Fue desde allí que Saulo (Pablo) inició tres viajes misioneros. En Hechos 13:1-5, se relata cómo Pablo y Bernabé fueron llamados y enviados por el Espíritu Santo para la obra a la que habían sido llamados. Luego, estuvieron predicando por diferentes ciudades donde no solamente Dios los usó con señales y milagros, sino que también fueron perseguidos.

Después de esto, ellos regresan a la iglesia de Antioquía a “rendir cuentas”. Hechos relata que:  “de allí navegaron a Antioquía, desde donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido. Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles. Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos. (Hechos 14.26-28).

El llamado de Pablo y Bernabé a predicar el evangelio fue un hecho vital para la extensión del reino en lugares de gentiles, pero ellos no tomaron el llamado para si mismos, ni se dejaron cautivar por el éxito en sus ministerios, fueron cautelosos, sujetos al Espíritu Santo y sujetos a rendir cuentas a la iglesia que los había comisionado y apoyado en oración.

Conclusión:

Somos escogidos por la gracia del Señor para extender su reino, para hacer su voluntad y glorificarlo en cualquier lugar donde vayamos. Mientras caminamos con el Señor, no debemos permitir que el “éxito ministerial” nos cautive y nos haga creer protagonistas de la misión de Dios. Pablo y Bernabé comprendían que la sujeción al Espíritu Santo y a su iglesia era vital para permanecer humildes y seguir siendo usados por Dios.

No debemos nunca creer que vamos a ser los que hagamos un avivamiento, o que vamos a un lugar predicar como si le hiciéramos un “favor a Dios”. Más bien, Dios nos ha invitado a ser parte de su misión, a dar por gracia lo que hemos recibido de gracia. Dios nos ha brindado una invitación abierta a ser parte de Su propósito, a que con nuestra vida y vocación podamos darle a Él toda la gloria y honra.

Algunas recomendaciones si eres el primer lector

  • Te invito a experimentar un diálogo con Dios, hablale como un hijo(a), no desistas tu oración e incluye “que sea tu voluntad” dentro de tus palabras. Él estará feliz de escucharte. 
  • Empieza a leer ¡la Bíblia! Es una oportunidad para conocer y escuchar la voz de Dios. Puedes empezar por los evangelios que están en el Nuevo Testamento (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) 
  • Busca un lugar donde aprender más de Dios, busca una iglesia donde asistir. Si no tienes un lugar, te invitamos a Chubut 605, B/Providencia, Córdoba-Arg. O bien, si lees desde otra ciudad o país te invitamos a ver en vivo nuestras reuniones. ¡Tenemos muchos recursos para ti, ingresa a nuestra Comunidad!  

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