Volar alto

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Isaías 40:31

“En cambio, los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas;
volarán alto, como con alas de águila.
Correrán y no se cansarán;
caminarán y no desmayarán.”

Al principio, el aislamiento obligatorio sonaba a más tiempo libre, a más ocio, relax, tiempo para uno mismo, maratón de series y dormir hasta tarde, pero eso nunca pasó. Por lo menos para mí estos han sido meses en los que lo único que cambió es que todas las actividades que antes ocurrían en lugares y tiempos diferentes ahora están sucediendo todas juntas, en el mismo espacio y superpuestas en la agenda diaria. Familia-trabajo-casa-escuela forman un espeso caldo que se cuece durante todo el día desde que uno se levanta hasta que se acuesta, sin pausa ni descanso. Es difícil saber cuando termina una cosa y empieza la otra. Es raro, pero tengo que reconocer que estoy cansado.

¿Te sentís así? Tal vez no es tu caso ahora, porque tu cuarentena se pareció más a un feriado de muchos días, ¿pero te sentiste alguna vez así? Incluso es posible que no sólo hayas sentido cansancio físico, sino también agobio mental o hasta emocional. Puedo entenderte si es así. Algo no salió como estaba planeado, y de golpe estás corriendo la carrera desde atrás. Algo sacudió tu normalidad y te levantás perdiendo el partido desde el arranque. Lo peor es que tenés que levantarte igual, porque el mundo no se detiene a esperarte.

Normalidad. No hay dudas que la de todos está siendo sacudida. Ya cuesta mucho definirla, y cuando finalmente la normalidad regrese, ya no será la misma que teníamos antes de perderla. Pero hasta que vuelva, hay días en los que ya no quedan fuerzas. Nos sentimos agotados, vacíos.

Según este escrito de Isaías, no somos los primeros, ni seremos los últimos en habernos sentido así. “Hasta los jóvenes se debilitan y se cansan, y los hombres jóvenes caen exhaustos”, dice en el verso anterior.

El fragmento que te compartí hoy comienza con un “en cambio…”. Eso significa que hay otra posibilidad, otra manera, otra realidad. Una realidad en la que, aunque no podamos detenernos, no nos sentiremos cansados. Aunque tengamos que mantenernos en acción, no nos sentiremos agotados. Si confiamos el Dios, tendremos nuevas fuerzas.

Eso es porque Dios es diferente a nosotros. “El Señor es el Dios eterno, el Creador de toda la tierra. Él nunca se debilita ni se cansa,” había dicho Isaías un poco antes, en este mismo capítulo. Dios está siempre en movimiento, en acción constante. Aunque no lo veamos, Él siempre está obrando.

Y como Dios es diferente, también es diferente su manera de hacer cuentas. Isaías dice que Dios multiplica las fuerzas del que no tiene ninguna. Ninguna es cero, y todo lo que se multiplica por cero, es cero. Excepto para Dios. Él, de la nada, creó las estrellas y a cada una llama por su nombre. Isaías se pregunta quién midió los cielos o quién sabe cuánto pesa la tierra o quién tuvo los océanos en el hueco su mano. “¿Con quién podemos comparar a Dios?”. Y la respuesta es obvia para todos, con nadie. “Él da poder a los indefensos y fortaleza a los débiles.”

Puede que hoy nos sintamos indefensos. Aún así, confiemos en Dios. Puede que hoy nos sintamos débiles. Aún así, confiemos en Dios. Él es diferente, incomparable, nunca se cansa. Él nos dará nuevas fuerzas.

Tantas, que sentiremos que podemos volar como las águilas.

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