Para bien

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Romanos 8:28

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”

¿No sería lindo que solamente nos ocurrieran cosas buenas? ¿Podés imaginar un mundo así? No conocer lo que significa perder un ser querido. No saber lo que significa un mal diagnóstico médico. No experimentar carencias de ningún tipo. No vivir nada que produzca tristeza, decepción, desilusión, amargura, miedo, pena, aflicción, privación, soledad o miseria. Pensá en todo lo feo que te haya tocado vivir. Bueno, en ese mundo eso no hubiese ocurrido.

Ése fue el plan inicial de Dios y el ser humano lo echó a perder. Adán y Eva, en el huerto del Edén, vivían en un mundo así, sin dolor ni muerte, y lo desaprovecharon.

Aún así, un mundo como ése es la promesa para los que se dan cuenta de su propia insuficiencia para alcanzar a Dios, y son conscientes de su necesidad de un Salvador. A los que creen en Jesús como su único y suficiente Salvador, y reconocen en su muerte en la cruz un acto sacrificial para pagar la deuda de nuestros propios pecados, a los que lo reciben y creen en su nombre, Dios les da el derecho de ser llamados Hijos de Dios. Para ellos, para nosotros, el futuro termina en un presente continuo en el que las cosas serán diferentes. “Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor.”

Un mundo pasado sin muerte ni dolor, un mundo futuro sin tristeza ni enfermedad. Pero hoy, no es ése el mundo en el que vivimos. De hecho, pensá en la situación de la humanidad en este momento. Hay enfermedad, muerte, miedo, egoísmo. Si el mundo fuese diferente, nada de eso estaría sucediendo. No sabríamos de virus, contagio ni cuarentenas. Hoy vivimos en un mundo que tiene todos esos componentes que nos gustaría que no existieran.

Frente a eso, es bueno saber que si bien muchas de las cosas que vivimos no estaban en el plan inicial de Dios y muchas situaciones difíciles que nos toca atravesar no están propiciadas por Dios, aún así, en manos de Dios pueden tener un sentido. El fragmento que te comparto hoy (Pablo está escribiendo una carta a los cristianos de Roma) habla precisamente de eso. Dice que a las personas que amamos a Dios “todas las cosas les ayudan a bien.” Es hermosa la palabra que Pablo escogió para expresar lo que Dios le estaba revelando: TODAS. No es necesario que la definamos, ¿cierto? Vos y yo sabemos que no hay nada que quede fuera de esa palabra. Y es hermoso saber que todas las cosas que listamos más arriba, todas esas que cosas que nos tocó vivir, las que estamos atravesando y las que vamos a experimentar, las que nos gustaría eliminar de nuestro pasado o evitar en nuestro futuro, todas pueden ayudarnos para bien. 

No como esos remedios amargos que nuestros padres nos hacían tomar diciéndonos que eran para nuestro bien o que necesitábamos tomarlos para curarnos. No se trata de tragos de feo sabor que Dios nos da para enseñarnos una lección. El sentido es otro. Básicamente quiere decir que toda experiencia que les haya tocado atravesar les puede ayudar de una manera positiva. A los que aman a Dios. Es decir, a los que Dios llamó conforme a su propósito. Y respondieron, claro.

Resumiendo, estamos atravesando una situación que va desde complicada hasta dolorosa, con toda una gama de tristezas e incomodidades en el medio. Esto que estamos viviendo, si amamos a Dios, si respondemos a su llamado, puede ser usado por Él de una manera beneficiosa para nosotros y para otros a través nuestro.

Para entenderlo basta con pensar en el sábado después de la crucifixión de Jesús. En ese sábado Jesús permaneció en la tumba. Ése fue un día realmente triste y doloroso para todos sus seguidores. Todos pensaban que el sueño se había acabado. Habían enterrado a su líder, pero con él también a sus sueños, anhelos y esperanzas. No sabían qué hacer, ni adonde ir. El miedo y la incertidumbre se podían respirar.

Tal vez hoy estemos viviendo un día de incertidumbre y miedo también. Es bueno saber que ambas cosas también quedan englobadas dentro del “todas las cosas ayudan a bien.” Pero es maravilloso saber que después de este “sábado”, como después de aquél, viene un domingo de esperanza, de restauración, de resurrección. Ese tiempo ya llegará también para nosotros.

Lo que hoy vivís, puede ayudarte para bien. Lo que viene, es maravilloso.

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