Él vive

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Efesios 1:19

“Oro también para que comprendan el increíblemente inmenso poder con que Dios ayuda a los que creen en él.”

¿Qué tan poderoso es Dios? ¿Qué tan bueno es Dios? Son preguntas recurrentes para muchos. En mi mente, especialmente durante un período de tiempo en el que comenzaba a sentir curiosidad por conocer más de Dios, siempre han sido preguntas que en su misma enunciación me parecieron maravillosas. Y para la humanidad entera son grandes interrogantes. ¿Existe Dios? Debe tener el primer puesto en el ránking, pero “Si Dios existe, ¿cuán bueno es?” y “Si Dios existe, ¿cuán poderoso es?, deben ser dos de las preguntas más veces realizadas acerca de la naturaleza divina.

De hecho, son preguntas que aparecen hermanadas. Es decir, algunos piensan que, si Dios es poderoso para corregir la maldad y no lo hace, entonces no puede ser bueno. Y otros, piensan que, si Dios es bueno como para desear intervenir, pero no puede hacerlo, entonces es que le falta poder.

Este texto que les comparto hoy tiene respuesta para ambos interrogantes. El que está escribiendo es Pablo y su carta está dirigida a un grupo de cristianos del primer siglo de la ciudad de Éfeso. Escribe abriendo su corazón y transparentando un pedido de oración por ellos. Está orando para que ellos entiendan el poder con que Dios los ayuda. Y sin usar las mismas palabras, está escribiendo para que ellos sepan que Dios es poderoso y que Dios es bueno.

Cuando habla del poder de Dios, les dice que es un poder increíblemente inmenso. Eso es lo que llamo ser categórico, porque no sólo dice que el poder es inmenso (de hecho, la palabra que usa es “mega”) sino que dice que es increíble (y aquí la palabra que usa habla de algo que va más allá de la normalidad). Y tal vez ya lo leíste o escuchaste antes, la palabra que se traduce del griego como “poder” tiene la misma raíz que la palabra dinamita. Así que en realidad Pablo está hablando de un poder explosivo muy grande que es sobrenatural. ¿Cuán poderoso es Dios? Bueno, creó el universo con una palabra y fijó las estrellas en su sitio, a las que luego nombró una por una. Eso es lo que llamo poder explosivo.

Cuando habla de la bondad de Dios, les dice que Dios está usando ese poder en ayudarlos. Otra traducción dice que ese poder es “a favor de los que creen”. O sea, ese poder no es una energía cósmica que nos rodea. Ese poder es una persona intencionada que nos favorece. ¿Cuán bondadoso es Dios? Bueno, luego de crear el universo, puso al hombre en el huerto y lo bendijo para que gobernara la creación. Eso es lo que llamo bondad amorosa.

La historia de Jesús también tiene respuesta para esos dos interrogantes. El evento histórico, comprobable científicamente, de la muerte y resurrección de Jesús habla a gritos del poder de Dios y de la bondad de Dios. En este tiempo, singular para nuestra generación, en medio de una cuarentena casi global, hemos tenido el tiempo para reflexionar en torno a la persona de Jesús como nunca antes. Tiempo para pensar en su captura y muerte, el acto de bondad más genuino que podemos haber llegado a conocer. Pensar en la resurrección de la madrugada del domingo, la demostración de poder más esplendorosa de la que podemos haber llegado a oír.

¿Cuán bondadoso es Dios? Bueno, dio a Su Hijo para que muriese por nosotros, para que pagara el precio de nuestros pecados. Eso es lo que llamo bondad amorosa.

¿Cuán poderoso es Dios? Bueno, levantó a Su Hijo de la muerte, para que en su triunfo pudiésemos nosotros también participar de Su vida. Eso es lo que llamo poder explosivo.

Pablo habla del increíblemente inmenso poder de Dios en nuestro favor. ¿Sabés que imagen usa para explicarlo en el versículo que sigue? Dice que: “Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz con que Dios levantó a Cristo de entre los muertos y lo sentó a su derecha en la gloria.” Sí, habla de lo que ocurrió en aquel domingo de resurrección. El poder de Dios, ese poder increíblemente inmenso y explosivo, es también una fuerza eficaz, porque levantó a Jesús de entre los muertos. De repente, como suele actuar Dios, todo cambió para siempre. El poder y la bondad de Dios se hicieron evidentes.

De hecho, cuando Pablo escribió otra carta, esta vez a los romanos, amplió un poco más la idea diciendo que: “Y si el Espíritu de Dios que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, él mismo les dará vida a sus cuerpos mortales.” Palabra clave: mismo. El mismo Espíritu que levantó a Jesús, vive en nosotros. Ese poder y esa bondad viven en nosotros. El mismo poder con el que Dios nos creó y la misma bondad con la que nos amó viven en nuestros cuerpos mortales.

Las dudas, los miedos, la penumbra, la desesperanza y la tristeza se van a disipar. Como se disiparon esa mañana cuando la piedra fue quitada y todos pudieron ver la tumba vacía.

El poder y la bondad de Dios pueden hacerse evidentes hoy. Al fin y al cabo, Él vive.

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