Día 17: El Líder Reformador

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Devocionales

Los años han pasado y la obra ha finalizado. El pueblo está experimentando una alegría que no había conocido en años. Y en el clímax de esta historia, Nehemías finalmente nos presenta el propósito detrás del proyecto.

Todos los años de esfuerzo y lucha se resumían en un concepto sencillo: Dios estaba rescatando a su Pueblo y los estaba trayendo de regreso a casa para reunirse con Él en amorosa comunión, y esto iba más allá de levantar unos muros. El desafío definitivo sería volver el corazón de cada hombre, mujer y niño hacia su Dios. Así que, en la escena final de una gran historia, Nehemías exhorta a toda la gente a regresar en obediencia a la Ley de Dios.

En ese contexto, el Pueblo se reúne para confirmar un juramento tan vinculante que incluía una cláusula conocida como “protesto”. Esta cláusula establecía que cada persona que la firmaba se sometía voluntariamente a ser castigada si no cumplía los términos de dicho juramento. Así de importante era.

El documento que se firmó ese día contenía 3 elementos considerados como la base para volver a la obediencia y fidelidad al Señor. Estos 3 elementos serían el plan final y definitivo, y lo complejo del asunto es que estos 3 elementos afectaban al mismo centro de cada persona.

Nehemías tenía claras sus convicciones. Para eso Dios lo había levantado y estaba dispuesto a cumplir con la misión hasta el final. Cueste lo que cueste. Él había dirigido la reconstrucción del Templo y ahora tendría que dirigir la reforma del corazón. 

Lectura Bíblica

"El resto del pueblo, junto con los sacerdotes, levitas, porteros, cantores, los criados del templo, todos aquellos que se habían apartado de los pueblos extranjeros, y sus esposas, hijos e hijas, y todos los que podían entender y comprender, se reunieron con sus hermanos y con los jefes importantes del pueblo para jurar que se comprometían a obedecer la ley que Dios le había dado a su siervo Moisés, y que cumplirían todos los mandamientos, decretos y estatutos del Señor nuestro Dios. Prometieron que sus hijas no se casarían con extranjeros, y que tampoco sus hijos se casarían con extranjeras. También se comprometieron a observar los días de reposo, y toda fiesta sagrada, y a que en esos días no comprarían ninguna mercancía ni comestibles que vendieran otros pueblos, y que el año séptimo dejarían descansar la tierra y condonarían todas las deudas. Por ley se impusieron la responsabilidad de entregar cuatro gramos de plata para el mantenimiento del templo de nuestro Dios, para el pan de la proposición y para las ofrendas continuas, los holocaustos continuos, los días de reposo, las lunas nuevas, las festividades, las cosas sagradas y los sacrificios para el perdón de los pecados del pueblo, y para todo el servicio de la casa de Dios. «Nosotros los sacerdotes, y los levitas y el pueblo en general, echamos suertes, según el origen de nuestras familias, para saber a quién le tocaría llevar al templo del Señor la ofrenda de leña necesaria para ser quemada en el altar, como está escrito en la ley. »También nos comprometimos a llevar al templo, cada año, los primeros frutos de nuestras cosechas y de nuestros árboles frutales, así como nuestros primogénitos y las primeras crías de nuestro ganado, es decir, nuestras vacas y ovejas, y presentarlas ante los sacerdotes que sirven en el templo de Dios. »De igual manera, nos comprometimos a llevar a los almacenes del templo la primera harina, el primer vino y el primer aceite, para los sacerdotes; y entregar a los levitas la décima parte de nuestras cosechas y del fruto de nuestro trabajo en todas nuestras ciudades. Al momento de hacer la entrega a los levitas, un sacerdote descendiente de Aarón debería estar presente, y los levitas a su vez llevarían a los almacenes del templo la décima parte de esa décima parte recibida. Como es obligación de todos los israelitas y los levitas llevar a los almacenes del templo las ofrendas de grano, vino y aceite, porque allí están los utensilios sagrados que usan los sacerdotes, los porteros y los cantores, nos comprometimos a no abandonar el templo de nuestro Dios.» Nehemías 10:28-39 RVC

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