Día 1: Belsasar

Tiempo de Cambiar_Mesa de trabajo 1

Devocionales

Cierto día el rey Belsasar hizo una gran fiesta a mil de sus príncipes, y bebían vino y disfrutaban. En un momento, el rey mandó a buscar las copas de oro y plata que Nabucodonosor, su padre, había traído del templo de Jerusalén. Allí todos bebían en las copas sagradas y alababan a dioses de oro y plata, de hierro, madera y bronce. Me imagino que el rey debía estar muy borracho para tomar tan a la ligera lo que estaba haciendo. 

En aquella misma hora aparecieron unos dedos en la pared que escribieron las siguientes palabras: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN. Belsasar palideció y mandó a llamar a todos lo sabios, magos y hechiceros del reino, pero nadie pudo interpretar aquellas palabras. Fue entonces cuando la reina recordó a Daniel, quien en los tiempos de Nabucodonosor había revelado su sueño. Así fue llamado Daniel y Dios le reveló el significado de aquellas palabras:

“Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin.

Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.

Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas.”

Esa misma noche el rey Belsasar fue asesinado y su reino tomado por Darío.

¿Qué tiene que ver esto con cambiar? Pues, el rey Belsasar pensaba que ese sería otro día más de su vida. Como muchos de nosotros, hizo sus planes pensando que mañana podría pedir perdón y dejarlo atrás. Jugó con las cosas de Dios, decidió poner sus deseos por encima de los Divinos e hizo como quiso. Belsasar nunca hubiera pensado que aquel día sería el último y aquella su oportunidad final.

Así mismo pasa en nuestras vidas; dejamos a Dios para después, el arrepentimiento para después. Creemos que tenemos tiempo para “disfrutar la vida” y luego venir a Dios con las sobras, sin saber si este será nuestro último chance, si mañana ya no habrá tiempo para poder cambiar.

El día de mejorar, de arrepentirse y de cambiar nuestro actuar es hoy. Mañana no está prometido para nadie. La vida es muy frágil y Dios demasiado sagrado para jugar con esto. Si hoy has recibido esta oportunidad, no la dejes ir. Belsasar vio cómo su padre fue castigado por no humillarse ante Dios, y aun así, siguió sus mismos pasos.

Nosotros podemos elegir otro camino y entregarle nuestras vidas a Dios, por si hoy nos toca ser pesados en balanza seamos hallados inocentes.

Lectura Bíblica

"El rey Belsasar ofreció un gran banquete a mil de sus príncipes, y en presencia de todos ellos bebió vino en exceso. Animado por el vino, Belsasar mandó traer los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor, su padre, había sustraído del templo de Jerusalén, para que bebieran en ellos tanto él como sus invitados de importancia, y sus mujeres y concubinas. Y así, le fueron llevados los vasos de oro que se habían sustraído del templo de Dios en Jerusalén, y el rey y sus invitados bebieron en ellos, lo mismo que sus mujeres y concubinas. Embriagados de vino alabaron a los dioses de oro, plata, bronce, hierro, madera y piedra. En ese mismo instante aparecieron los dedos de una mano humana que, a la luz del candelero, escribía sobre la parte blanca de la pared del palacio. Al ver el rey la mano que escribía, se puso pálido y, sin saber qué pensar de esto, perdió las fuerzas y las rodillas comenzaron a temblarle. Con grandes gritos, mandó llamar a los magos, hechiceros, adivinos y sabios de Babilonia, y les dijo: «A quien pueda leer lo que está allí escrito, y me diga lo que significa, se le vestirá de púrpura, se le pondrá un collar de oro en el cuello, y se le nombrará tercer señor del reino.» Todos los sabios del reino fueron llevados ante el rey, pero ninguno de ellos pudo leer la escritura ni decir al rey su significado. Eso preocupó mucho al rey Belsasar, quien se puso pálido mientras sus príncipes no sabían qué hacer. Pero la reina, que al oír las palabras del rey y de sus príncipes había entrado al salón del banquete, dijo: «¡Que Su Majestad viva para siempre! No se preocupe Su Majestad con esos pensamientos que tiene, ni se ponga pálido. En el reino de Su Majestad hay un hombre en el que habita el espíritu de los dioses santos. Cuando el padre de Su Majestad vivía, se encontró que dicho hombre estaba iluminado por la inteligencia y la sabiduría que solo tienen los dioses. A ese hombre, Nabucodonosor, padre de Su Majestad, lo constituyó jefe de todos los magos, astrólogos, hechiceros y adivinos, porque en él se halló un espíritu mayor de ciencia y entendimiento para interpretar sueños, descifrar enigmas y resolver dudas. Ese hombre es Daniel, a quien el padre de Su Majestad puso por nombre Beltsasar. Mande Su Majestad llamar a Daniel, y él le dirá lo que significa esa escritura.» Cuando Daniel fue llevado a la presencia del rey, este le dijo: «¿Eres tú el Daniel que mi padre trajo de Judea, que vino entre los cautivos de Judá? He oído decir que el espíritu de los dioses santos está en ti, y que en ti se halla más luz, entendimiento y sabiduría. Han sido traídos a mi presencia sabios y astrólogos, para que lean esta escritura y me digan lo que significa, pero ninguno de ellos ha podido decirme lo que esto significa. Sin embargo, he oído decir que tú puedes hacer interpretaciones y resolver dificultades. Si puedes leer esta escritura y decirme ahora lo que significa, serás vestido de púrpura, se te pondrá en el cuello un collar de oro, y se te nombrará tercer señor del reino.» Allí, en presencia del rey, Daniel respondió: «Su Majestad puede reservarse esos dones, o puede darlos a otros como recompensa. Yo descifraré para Su Majestad esta escritura, y le diré lo que significa. El Dios altísimo dio al rey Nabucodonosor, padre de Su Majestad, el reino, la grandeza, la gloria y la majestad. Por causa de la grandeza que Dios le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban de miedo ante él, y él le quitaba la vida o se la daba a quien quería; a unos los engrandecía y a otros los humillaba. Pero su corazón se envaneció, y se endureció su espíritu orgulloso, y por eso fue depuesto del trono y despojado de su gloria. Expulsado de entre los hombres, su mente se volvió semejante a la de las bestias, y convivió con los asnos monteses. Fue alimentado con hierba, como los bueyes, y su cuerpo lo empapó el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Dios altísimo es el señor del reino de los hombres, y que él entrega dicho reino a quien él quiere. Pero Su Majestad Belsasar no ha humillado su corazón ante Dios, aun cuando sabe todo esto y es hijo del rey Nabucodonosor. Lejos de eso, Su Majestad, en su soberbia, se ha levantado contra el Señor del cielo, ha mandado traer los vasos del templo de Dios, y tanto Su Majestad como sus invitados, y sus mujeres y concubinas, han bebido vino en ellos. Y no solo eso, sino que Su Majestad ha dado alabanza a dioses de plata y oro, y de bronce, hierro, madera y piedra, ¡dioses que ni ven ni oyen nada, ni saben nada! En cambio, Su Majestad nunca ha honrado al Dios en cuya mano está su vida y todos sus caminos. »Por eso ha salido de la presencia de Dios la mano que ha trazado esta escritura. Lo que la escritura dice es lo siguiente: MENE, MENE, TEKEL, PARSIN. Y lo que significa es: MENE: Dios ha llamado a cuentas al reino de Su Majestad, y le ha puesto fin. TEKEL: Dios ha pesado a Su Majestad en una balanza, y su peso deja mucho que desear. PARSIN: Dios ha dividido el reino de Su Majestad, y se lo ha dado a los medos y a los persas.» Belsasar ordenó entonces que Daniel fuera vestido de púrpura, que se le pusiera en el cuello un collar de oro, y que fuera proclamado como el tercer señor del reino." Daniel 5:1-29 RVC
"Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto." Romanos 12:2 RVC
"Que Dios me pese en su balanza, para que compruebe que soy inocente." Job 31:6 RVC

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